EL MACHO HA MUERTO (17.02.2019)

Es uno de los motivos por los que estoy aquí.

Todos conocemos el rancio estereotipo del MACHO IBÉRICO. El hombre fuerte, duro, decidido, potente, sexual, un poco toro, un poco cerdo. En España, a los hombres nos educan así, para ser bestias insensibles que puedan trabajar doce horas, ganar novecientos euros, llevar una familia con muchos hijos, copular cuando se le demande y cerrar la boca ante cualquier problema personal. Si hay alguna pena, al bar a beber y a ver el fútbol.

Yo me he criado en una sociedad (utilizando el término sociedad como NOSOTROS, y no LOS DEMÁS) que me ha impuesto unos valores sin considerar su peso. Se espera de mí que sea fuerte, masculino, que no tenga miedo, ni quejas. Tengo que proteger a los demás, liderar el grupo, ser el macho alfa que todo el mundo espera, formar una familia, tirar de todo hacia delante y nunca nunca flaquear.

No tengo más remedio que negarme.

Los movimientos feministas que resurgen, por suerte y necesidad, a finales de esta década así como los discursos de liberación de género e identidad sexual ponen de manifiesto el nuevo escenario en el que se encuentra el hombre, quizás maltratado por todas estas corrientes.

Es una realidad que existe una conciencia de NUEVAS MASCULINIDADES, donde un hombre puede ser un hombre, y que eso signifique, si se quiere, ser sensible, tener miedo, ser frágil, necesitar ayuda… o ser lo que quiera ser como hombre, como si eso significa ser lo que pensamos que debe de ser una mujer.

Mi discurso es éste, como así lo es mi obra. Hombres libres, fuertes, o no. Lo que elijan ser.