Vota REAL MADRID

Trolololó. Loló.

Recientemente, en nuestra bífida España, hemos asistido a las urnas para decidir quiénes serán los próximos que ocuparán su trono en el poder, concretamente en los ayuntamientos y las comunidades autónomas. Tras los sesgados resultados, donde la mayoría parece estar harta de la gestión de los últimos años, el actual gobierno ha anunciado la celebración de elecciones generales anticipadas, dejándonos a todos entre atónitos y nos daba igual (lo que nos preocupa realmente es que estaremos de vacaciones… no nos engañemos).

En este momento comienza la «Payasos League». Un espectáculo de focos, micrófonos, esloganes y promesas, además de algunos chutes, balonazos a niños, fueras de juego y abucheos a algún árbitro maricón, que concluirá con la defenestración pública del perdedor y sus jorobados secuaces, y la quema en vida de sus votantes en la plaza de cada pueblo, así como tendrá lugar la proclamación del Magno Presidente del Gobierno 2023-2027, que como una Miss saludará y hablará sobre Confucio y Venezuela desde su balcón.

Este espectáculo ya nos tiene, a muchos, desquiciados, y se ha convertido en una tradición pasada de moda en la que ya no confiamos.

La democracia representativa, en la que se supone que se basa el funcionamiento de este país reino (mírate el DNI, pone reino, no vives en un país/estado), consiste en elegir a unos representantes que defienden los intereses de los ciudadanos en las instituciones. ¿De dónde extraen estos representantes el conjunto de intereses y necesidades de sus ciudadanos? ¿Realizan un sondeo? ¿Una investigación de campo? ¿Ven las noticias de La Sexta? Pues puede ser… pero me temo que muchas de las necesidades que nuestros políticos intentan satisfacer y solucionar son aquellas que también nos preocupan a todos. Es decir, son las suyas propias. Preocupante.

Y no me refiero a la comodidad del cargo, de un trabajo de escaño, de despacho. A tener coche, casa, sueldo y atención de por vida.

Me refiero a que es la propia experiencia personal de nuestros políticos, en función de dónde han crecido, dónde han estudiado, cuál es su nivel económico, la ideología política y moral de su familia, y las circunstancias de su entorno, la que define cuáles serán los objetivos, miras y sensibilidades de cada uno de ellos, y del partido del que formarán parte.

Aquí empieza a deshilacharse la chaqueta. Ya no estamos hablando de solamente un representante, se trata de una persona, subjetiva y con voluntad, como todas. Esto, que a todos nos puede parecer una obviedad, esconde algún truco que quizás no estamos viendo a primera vista.

Primeramente, ¿estas personas están capacitadas verdaderamente para representar a alguien? Quizás representan a quienes quieran ser como ellos, pero no a los demás. Hasta el momento, a nuestros políticos no se les pide ningún informe psicológico, ni un estudio de capacidades intelectuales, emocionales, de empatía, de habilidades específicas de un cargo de representación… Sólo se les pide que huelan bien, vayan arregladitos, y hablen con mucho talante. Si tienen un eslogan pegadizo mejor que mejor. Y si se dejan ver con los abuelos en el parque o con su familia en un evento benéfico, ya no cabe ninguna duda de que son los adecuados para decidir qué va a pasar con la vida de las personas de todo un país durante los próximos cuatro años. Si todo falla, pueden decir «Tú más«, y ganan el combate.

Y es que de eso se trata la democracia de partidos, darle el poder de decidir a un grupo de personas que tienen sus ideas propias, algunas de ellas privadas, y que entre ellos se obligan a pensar y decidir de la misma panera, para que las impongan para mantener su estilo de vida. Parece que su intención no sea representar, sino llevar la razón. Acertar su manera de pensar con la de la mayoría de votantes, y convencer a los que no piensen igual de que están equivocados.

La política es muy simple, se divide en dos: 

  • Los que están bien y quieren seguir estándolo, y piensan que si nada cambia, todo seguirá igual (tiene sentido, ¿no?) Éstos son los que llamamos conservadores.
  • Y los que no están y bien quieren estarlo, para eso necesitan que cambien las cosas (no ellos, las cosas). A estos los vamos a llamar progresistas.

Dependiendo de en qué familia hayas nacido, serás una cosa u otra, a menos que te toque la lotería o encuentres una forma de que los demás te den su dinero. Recuerda que uno no se hace rico trabajando, uno se hace rico pensando, y hay gente con muy mala idea.

Con esta base, parece normal que al final la democracia se organice típicamente en dos bandos, lo que genera batallas campales por llevar la razón y mantener la posición de cada uno. Además, este sistema tiene varios problemas conocidos, o pequeños fallos, como son:

El bipartidismo, o la tendencia a que solo dos bandas organizadas se alternen en el poder. Esto reduce las opciones de los votantes y favorece el clientelismo y la corrupción. Además, que principalmente haya dos partidos en disputa continuamente divide a la gente en dos bandos enfrentados, algo tipical spanish, convirtiendo a los españoles, acostumbrados a batallar hasta en el ocio, en auténticos hinchas de dos equipos de fútbol rivales.

Otro problema es la desproporcionalidad entre los votos y los escaños. Las minorías quedan fuera y se perjudica a las nuevas formaciones políticas, que tienen menos posibilidades de acceder al parlamento. Esto también genera desigualdad entre los votantes, ya que unos tienen más peso que otros según el territorio donde vivan. Esto es bastante sospechoso.

Y por poner sólo una pega más, resulta también que los representantes solo rinden cuentas ante los electores cada cuatro años (o nunca, vaya), y durante ese tiempo pueden hacer lo que quieran sin consultarles. La gente no tiene mecanismos para revocar a los políticos que incumplen sus promesas o para proponer iniciativas.

Así, la política se convierte en un espectáculo mediático, donde lo que importa es el carisma, el marketing y las encuestas.

No votamos las ideas, ni los programas, votamos a una persona«yo voy a votar al Rajoy», «me cae bien el gallego», «no soporto más al Perro Sánchez», «el coletas nos va a hundir el barco», «con Paquito esto no pasaba»… Y le damos nuestra vida, nuestro tiempo y nuestro dinero, a las decisiones de esa persona. Lo que nos va a pasar durante la vida, nuestra existencia total, se basa en gran parte en las decisiones del gobierno del país en el que vivimos. Si mañana se decide que vamos todos a la guerra, todos a la guerra; si nos quitan la mitad de nuestro dinero, se lo damos; si se prohíbe el alcohol… nos vamos todos a Francia.

¿No es esto medieval?

Al igual que los hinchas del Real Madrid acuden en masa a un partido, vestidos de la misma manera, con sus insignias, sus cantos, sus pinturas de guerra en la cara… configurándose como una entidad única, cohesionada, con un objetivo tan claro que nadie puede dudar ni dar un paso atrás, así, acudimos nosotros a las urnas, y a la vida entera, con nuestras banderas, nuestro orgullo de ser y pensar como lo hacemos, nuestra intolerancia con los demás, y nuestro deseo de que todos sean como nosotros y compartan nuestro acierto. No vamos a votar, vamos a ganar. Ése es el problema. No se trata de una competición de grupos, esto no es «er fúrgol», nos estamos jugando el condicionar toda nuestra vida, que es lo único que vamos a tener, y no nos damos cuenta de que dejamos todo en manos de cualquiera, para que haga lo que quiera con nosotros, simplemente porque nos ha convencido de que nosotros tenemos razón, y él mantendrá y hará valer esa misma razón ante los demás. La política es una batalla de egos, un partido jugado por dos o más bufones que nos cobran entrada, y a la salida, algunos ultras se darán una paliza y dormirán calientes pero felices.

Unos llevan pulseritas de España, otros no se depilan y sólo compran bio, otros desearán que vuelvan formas de gobierno de los bárbaros que disfrutamos en este país no hace mucho, como las varias repúblicas o la dictadura, sin darse cuenta de que todo lo pasado no funcionó, todos lo hicieron mal, y deberíamos hacer algo nuevo según las necesidades de todos HOY, en vez de tratar de tener razón con fórmulas genocidas del PASADO.

Yo no quiero que mi vida se base en las reglas de un sistema caducado. No creo en el comunismo, ni en el socialismo, el marxismo, el fascismo, el capitalismo, ni en la anarquía, la república, la monarquía, la democracia de partidos… nada de conservadurismo, liberalismo, ni nacionalismos.  No creo que funcione hoy nada de lo que no ha funcionado antes, por lo menos no funcionó para la mayoría, sino para solamente para unos pocos. Y creo que ya estamos preparados para darnos cuenta de esto. Para mirar a nuestros bufones y mandarlos a casa.

Ojalá la política fuera simplemente un oficio de personas anónimas. Un conjunto de organismos conectados, totalmente transparentes y en cada paso y acción documentados de forma pública, desde donde principalmente se enseñe a la gente a pensar, a detectar problemas y a proponer soluciones, a participar en la toma de las mismas y a ayudar a asegurar su mantenimiento. Ojalá esos políticos solamente fueran unos funcionarios, encargados de recopilar y crear informes de necesidades, con comités de expertos de cada materia representados por científicos, personas destacadas del mundo de la cultura, del deporte, de la economía, la industria, la ecología… y cada domingo, en vez de ir a misa (bueno eso creo que ya no se hace), o en lugar de ir al fútbol, iríamos a escuchar una ponencia sobre el futuro de la medicina, sobre el sistema público de salud estatal (del reino), sobre la educación de los niños, iríamos a debatir, a tomar una decisión grupal, y a votar, y votaríamos ideas, decisiones, medidas… en vez de dar nuestros votos a una persona que, posiblemente, falle todos los penalties pero salga con los dientes muy blancos en la foto.

De momento nos tendremos que conformar con que no nos maten por las calles por ir en tacones (ya sean talla 36 o 46), con que los potos del balcón acaben con el cambio climático, y tener esperanza en que, pase lo que pase, gane El Madrid.

Bran Sólo. Jun-2023